Un halcón sin alas
Tassardur avanzaba paso
a paso, pisando los restos de cadáveres mientras Angie, Dquesa y Kraken huían.
Al frente del nigromante se alzaba Halcón, mientras Minerva le apuntaba
amenazante. Cuando pasó la distancia que ya creía que excedía lo recomendable,
una pequeña detonación y el sonido de un casquillo chocando en el suelo, hizo
detener a Tassardur, que se miraba el pecho. Minerva había dado de lleno y esta
ya estaba cargando otra bala.
- Ni un paso más engendro.
La voz de Minerva resonó entre las paredes derruidas de aquel lugar, se
encontraban a mucha distancia de cualquier lugar seguro, necesitaban una vía de
escape, pero Angie necesitaba descansar para abrir un portal decente a
Ventormenta, por ejemplo, o Boralus.
Tassardur dio un paso que nadie esperaba, corrigiendo su camino se abalanzó
sobre Minerva como una exhalación, el filo de su hoja casi llega hasta su
cuello, pero algo lo frenó. Halcón le agarraba por el antebrazo, el nigromante
no pudo más que retroceder para quedarse a un par de metros del paladín.
Alzó de nuevo su arma y dio una estocada hacia Halcón, que hábilmente la desvió
con su propia espada.
- ¿Le proteges? – Decía bajo su
embozo con su voz helada y casi metálica.- ¿Sabes
lo que ha hecho ese elfo en su vida? ¿Sabes cuántas vidas ha sesgado? ¿Sabes
cuántos inocentes murieron por su mano? No es más que un vil pirata, pero a
pesar de todo, es siervo de mi señor Shum´kar-Gorath.
Halcón permaneció en silencio sin apartar la mirada de su oponente.
- Nadie tiene una vida impoluta. Solo sé
que le debo la vida a este hombre y trabajo para él.
Halcón terminó de hablar y procedió a atacar al nigromante, que esquivaba
cada ataque envuelto en las sombras que lo seguían en cada movimiento. A cada
giro en el que parecía que iba a recibir alguna estocada, aparecía un fragmento
de cadáver que recibí el golpe por el, pero otra detonación sonó y el
nigromante retrocedió al recibir otro disparo de Minerva, que se había alejado
unos metros. El resto del grupo permanecía oculto tras unos parapetos derruidos
que había tras la elfa, sin apenas poder hacer nada, ya que Angie se estaba
recuperando y Duquesa cuidaba del Kraken, que apenas podía mantenerse en pie.
Minerva fue abatiéndolos a tiros mientras Halcón los destrozaba con su enorme mandoble, de pronto un silbido cruzó el aire y un chasquido metálico resonó entre los golpes de las espadas. Un virote se había clavado en el costado de Halcón, la sangre brotaba de la herida de forma preocupante, pero este se limitó a taparse la herida con una mano mientras mantenía la espada con la otra.
- La luz me salvará.
Juramentó mientras alzo su espada y un haz de luz comenzó a brotar en dirección a cada uno de los engendros. Tassardur no tuvo más remedio que apartarse y cubrirse los ojos, momento en que recibió un disparo en la cara por parte de Minerva, que hábilmente esperaba el momento adecuado y lo aprovechó.
El nigromante se abalanzó sobre ella pero también fue justo el momento que esperaba Halcón, y una sentencia cayó sobre Tassardur, que quedó ensartado contra un árbol por la espada de Halcón tras lanzarle la sentencia.
La situación se estaba volviendo a favor de los miembros del grupo, pero el Kraken sabía que eso no podía ser cierto, conocía a Tassardur, fue compañero de su padre y era un combatiente peligroso, sabía que era complicado dejarle fuera de combate, pero si así había sido, era el mejor momento para huir.
- ¡Corre Halcón! ¡Minerva vamos!
Minerva asintió obediente, y se fue hasta donde estaba el grupo mientras Angie iba preparando un portal hacia Boralus. Cuando la elfa llegó hasta ellos, el portal quedó abierto y Duquesa y Kraken entraron despacio, Minerva se giró para avisar a Halcón de que entrara rápido.
- Ahora voy, debo rematar a esta anomalía de la naturaleza.- Respondió el paladín a la elfa.
- ¿Halcón eres idiota? ¿No has oído al Kraken?- Le espetaba Minerva impaciente. – ¡Date prisa cabeza hueca!
- Lo que voy a oír es la cabeza de este insensato rodar por los suelos, ¡La luz hará justicia!
El aleteo de una mariposa duró más que el gesto que hizo el nigromante, desde una brizna de oscuridad que emanó de sus manos, un enorme mandoble atravesó el pecho del paladín, la hoja le salía por la espalda pero luego se desvaneció, dejando solo la herida tras de sí, que no dejaba de brotar sangre, incluso algunas costillas podían verse asomar por la herida producida.
El paladín cayó arrodillado mientras el nigromante avanzaba a su lado, Minerva no pudo más que gritar por ver cómo habían masacrado a su compañero y disparó sin parar hacia el cuerpo del nigromante, que recibía los impactos tranquilamente mientras iba avanzando. Bajo su embozo, si fuera posible ver su cara, se esbozaría una sonrisa mientras extraía de la oscuridad su ballesta, la misma con la que había herido al principio a Halcón, y nuevamente le disparó varios virotes al cuerpo ya casi sin vida del paladín, por la espalda y de forma traicionera.
Minerva estalló en un grito desgarrador mientras lloraba y le tiraba una granada gnómica, que el nigromante tuvo que esquivar. Angie no pudo aguantar mas y empujó a la elfa adentro del portal junto a ella.
En unos últimos instantes a través del portal vieron cómo el nigromante se acercaba, pero algo le agarró impidiéndole andar.
Tras él, Halcón había incrustado su espada en la rodilla del nigromante, que había dejado de prestarle atención. Ahora estaba inmóvil gracias al paladín, que permanecía de rodillas sosteniendo su mandoble con fuerza, impidiendo que Tassardur avanzara mientras el juraba por última vez y con una sonrisa en los labios sangrantes.
- La luz, os salvará.
EL portal se cerró y el nigromante ahora estaba demasiado lejos como para poder alcanzarles en menos de una semana por medios normales, había fallado de nuevo a su amo. Gritó de ira mientras miraba el cuerpo sin vida del paladín que lo aferraba al suelo. Su pierna estaba en un estado insalvable, de modo que el mismo se la arrancó y luego usó su magia con uno de los cadáveres para reponerla al instante.
Se arrodilló con cuidado quedando cara a cara con el paladín, cuyo cuerpo encallado por la postura y la armadura, permanecía de rodillas y con una sonrisa, a pesar de que de la terrible herida de su pecho aún colgaban vísceras y goteaba la sangre. EL nigromante se levantó y pensó que sería un buen ejemplar para su ejército de muertos, pero le pareció tal el honor y la valentía del hombre, que decidió alzar una tumba allí mismo y enterrarle. Tomó el gran mandoble y lo hincó con tal fuerza en una roca, que sería imposible de extraer la hoja sin romperla. Allí permaneció y permanece aún la tumba del paladín Halcón. Enterrado entre las ruinas de un fortín en sur de Tierras de la Peste del Este, con un hito formado por su gran mandoble sobre el que reposa su yelmo dorado con forma de cabeza de halcón.
El nigromante marchó de ese lugar, pues su misión continuaba.
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