Drenaje
Halcón
ayudaba en todo lo que Angie le pedía, trazando las runas y sigilos,
preparándolo todo. Mientras corría de un lado a otro moviendo objetos, frascos,
colocando los petates y armas, Minerva iba riéndose y provocándole para ver si
conseguía que se despistara de sus tareas, ella al tiempo estaba limpiando su
rifle de precisión mientras se comía una manzana.
El Kraken y Kharibdiss por su parte estaban preparándose para realizar todo el
proceso de acuerdo a las instrucciones recibidas por Keliahganar.
Angie se preparaba, concentraba su poder y afinaba sus capacidades para crear
ese portal a un plano vacío y paralelo donde pudiera habitar la corrupción del
Kraken.
Finalmente la gran runa estuvo lista, fue ese el momento en que todos cambiaron
su semblante, incluso Minerva se puso serie y colocó el rifle sobre su hombro,
preparándose, pues debía permanecer protegiendo el portal mientras estuviera
abierto, ella y Halcón eran la garantía de vida de Angie en caso de que les atacara
alguien, la Duquesa por su parte permanecería a salvo junto a ellos, oculta.
Halcón mantenía su semblante como siempre, mirando hacia los alrededores,
buscando algo fuera de lo normal. A través de su yelmo con forma de cabeza de
halcón, brillaba la luz de sus ojos. La luz en la que siempre confiaba, la luz
que, según su perspectiva, hoy daba un paso más en la victoria. Su querido
capitán al que le debía la vida, iba a abandonar el camino de las sombras y el
vacío.
Angie consiguió concentrarse lo suficiente y tras realizar la conjuración
adecuada, consiguió abrir un portal, un portal que emitía una luz blanca.
- ¡Tenéis cinco minutos!
Les indicaba Angie a los hermanos Lunaplata, que asintieron al mismo tiempo.
El Kraken se desvistió por completo dejando sus ropajes junto al portal y se
adentraron en este, que los engulló hacia esa claridad.
Aquel
plano estaba ausente de todo, no había nada, estaban envueltos en blancura y
claridad, como si hubieran muerto y estuvieran en la antesala a otro lugar,
como si fuese un mundo virgen en el que hubiera que poner todo. Era fascinante
ver algo así, casi indescriptible, y tanto el poder de Kharibdiss como el de el
Kraken lo notaban, ambos querían expandirse y tomar todo a su alrededor, les
brindó un poder inconmensurable para dominar y someter ese plano a sus voluntades.
El vacío chillaba en la cabeza de Aithor, y ese fue el momento en que
Kharibdiss comenzó.
El Kraken sintió cómo algo ajeno a su ser intentaba arrancarle algo, como si él
fuera la tierra a la que intentan sacar una raíz podrida que ha profundizado
mucho, sentía cómo cada brote del vacío vibrada en su cuerpo y su alma.
Sus manos parecían quebrarse, esa corrupción se adhería a su ser como si le
fuera la vida en ello, tal fue el dolor, que el vacío incluso había parado de
susurrar, se limitaba a chillar dentro de su cabeza aturdiendo todos sus
sentidos, impidiéndole ver nada más allá de su nariz, aunque hubiera dado igual
porque permaneció con los ojos cerrados.
Finalmente el dolor comenzó a remitir y comenzó a oír a su hermana gritar,
estaba consiguiéndolo, apenas sentía más que una punzada en medio del pecho y
abrió los ojos, pero lo que pudo ver fue horrible.
Efectivamente el vacío estaba siendo drenado del
cuerpo del Kraken, pero al no tener otro huésped, comenzó a extenderse en aquel
plano vacío, corrompiéndolo todo, inundando todo aquel lugar blanco con unos
tonos negros y violáceos que emanaban un olor a hierro y dejaban el ambiente
frío. Pero había que hacerlo, de modo que Kharibdiss comenzó a actuar en dos
sentidos, por un lado comenzó a extraer y drenar la corrupción de su hermano y
por otro comenzó a destruirla con el poder vil.
Las esencias mezcladas generaban un poder indescriptible y comenzaron a
fusionarse en una al tiempo que abandonaron por completo el cuerpo de
Aithorelnass Lunaplata. Durante un segundo pudo observar cómo toda la
corrupción que tenía dentro le abandonó y volvió a sentir que sus pensamientos
eran suyos, que no había nada más que el mismo en su cabeza, su hermana gritaba
de dolor y comenzaba a ser invadida por esa mezcla de esencias tan destructivas
que la iban corrompiendo sin parar.
Ahí ambos hermanos entendieron lo que había que hacer y Kharibdiss Lunaplata
observó a su hermano por última vez mientras una lágrima corría por su mejilla,
le sonrió y solo dijo.
- Cuida de Sam.
El Kraken intentó gritar, pero una explosión procedente del cuerpo de su
hermana le empujó hacia el portal, que justo se cerró tras él. Su cuerpo
desnudo y libre de corrupción cayó al suelo del lugar en el que estaban, las lágrimas
caían por su rostro y un dolor enorme se apoderaba de su corazón. Su hermana
había muerto delante de él, lo había salvado y liberado. De nuevo un hermano
suyo lo había dado todo por él y el no había podido hacer nada por evitar su
muerte.
Quizás sería por el dolor de la pérdida de su
hermana, por lo que no se dio cuenta de que la Duquesa le estaba levantando con
fuerza y cubriéndole con una manta, le empujaba con violencia a moverse hacia
un lado tanto ella como Angie, que parecían muy asustadas por algo. No pudo ver
más que una luz dorada que emanaba desde detrás de su espalda, giró su cabeza y
ahí pudo ver, a pesar de la vista borrosa, el causante de la situación en el
plano de Azeroth.
A unos cien metros, estaba de pie, su aspecto imponente como siempre y envuelto
en ropajes y armadura negros, varias espadas hincadas en el suelo a su
alrededor, pues como siempre, había invocado a varios cadáveres para que le
hicieran el trabajo sucio, pero Halcón ya se habría ocupado de todos ellos.
Tassardur se acercaba hasta ellos, desafiante, entre el amasijo de restos que
había a su alrededor.
- ¡La luz pondrá fin a esta locura!
Marchad de inmediato, yo le detendré.
Halcón, que había perdido su yelmo y permanecía firme con sus cabellos castaños
ondeados por el viento, miraba al nigromante con la seguridad que solo un
paladín con fe ciega en su venerada luz, puede tener.

Comentarios
Publicar un comentario