III: Drenaje


Drenaje

                Halcón ayudaba en todo lo que Angie le pedía, trazando las runas y sigilos, preparándolo todo. Mientras corría de un lado a otro moviendo objetos, frascos, colocando los petates y armas, Minerva iba riéndose y provocándole para ver si conseguía que se despistara de sus tareas, ella al tiempo estaba limpiando su rifle de precisión mientras se comía una manzana.
El Kraken y Kharibdiss por su parte estaban preparándose para realizar todo el proceso de acuerdo a las instrucciones recibidas por Keliahganar.
Angie se preparaba, concentraba su poder y afinaba sus capacidades para crear ese portal a un plano vacío y paralelo donde pudiera habitar la corrupción del Kraken.
Finalmente la gran runa estuvo lista, fue ese el momento en que todos cambiaron su semblante, incluso Minerva se puso serie y colocó el rifle sobre su hombro, preparándose, pues debía permanecer protegiendo el portal mientras estuviera abierto, ella y Halcón eran la garantía de vida de Angie en caso de que les atacara alguien, la Duquesa por su parte permanecería a salvo junto a ellos, oculta.
Halcón mantenía su semblante como siempre, mirando hacia los alrededores, buscando algo fuera de lo normal. A través de su yelmo con forma de cabeza de halcón, brillaba la luz de sus ojos. La luz en la que siempre confiaba, la luz que, según su perspectiva, hoy daba un paso más en la victoria. Su querido capitán al que le debía la vida, iba a abandonar el camino de las sombras y el vacío.
Angie consiguió concentrarse lo suficiente y tras realizar la conjuración adecuada, consiguió abrir un portal, un portal que emitía una luz blanca.
- ¡Tenéis cinco minutos!
Les indicaba Angie a los hermanos Lunaplata, que asintieron al mismo tiempo. El Kraken se desvistió por completo dejando sus ropajes junto al portal y se adentraron en este, que los engulló hacia esa claridad.

            Aquel plano estaba ausente de todo, no había nada, estaban envueltos en blancura y claridad, como si hubieran muerto y estuvieran en la antesala a otro lugar, como si fuese un mundo virgen en el que hubiera que poner todo. Era fascinante ver algo así, casi indescriptible, y tanto el poder de Kharibdiss como el de el Kraken lo notaban, ambos querían expandirse y tomar todo a su alrededor, les brindó un poder inconmensurable para dominar y someter ese plano a sus voluntades. El vacío chillaba en la cabeza de Aithor, y ese fue el momento en que Kharibdiss comenzó.
El Kraken sintió cómo algo ajeno a su ser intentaba arrancarle algo, como si él fuera la tierra a la que intentan sacar una raíz podrida que ha profundizado mucho, sentía cómo cada brote del vacío vibrada en su cuerpo y su alma.
Sus manos parecían quebrarse, esa corrupción se adhería a su ser como si le fuera la vida en ello, tal fue el dolor, que el vacío incluso había parado de susurrar, se limitaba a chillar dentro de su cabeza aturdiendo todos sus sentidos, impidiéndole ver nada más allá de su nariz, aunque hubiera dado igual porque permaneció con los ojos cerrados.
Finalmente el dolor comenzó a remitir y comenzó a oír a su hermana gritar, estaba consiguiéndolo, apenas sentía más que una punzada en medio del pecho y abrió los ojos, pero lo que pudo ver fue horrible.

Efectivamente el vacío estaba siendo drenado del cuerpo del Kraken, pero al no tener otro huésped, comenzó a extenderse en aquel plano vacío, corrompiéndolo todo, inundando todo aquel lugar blanco con unos tonos negros y violáceos que emanaban un olor a hierro y dejaban el ambiente frío. Pero había que hacerlo, de modo que Kharibdiss comenzó a actuar en dos sentidos, por un lado comenzó a extraer y drenar la corrupción de su hermano y por otro comenzó a destruirla con el poder vil.
Las esencias mezcladas generaban un poder indescriptible y comenzaron a fusionarse en una al tiempo que abandonaron por completo el cuerpo de Aithorelnass Lunaplata. Durante un segundo pudo observar cómo toda la corrupción que tenía dentro le abandonó y volvió a sentir que sus pensamientos eran suyos, que no había nada más que el mismo en su cabeza, su hermana gritaba de dolor y comenzaba a ser invadida por esa mezcla de esencias tan destructivas que la iban corrompiendo sin parar.
Ahí ambos hermanos entendieron lo que había que hacer y Kharibdiss Lunaplata observó a su hermano por última vez mientras una lágrima corría por su mejilla, le sonrió y solo dijo.
- Cuida de Sam.
El Kraken intentó gritar, pero una explosión procedente del cuerpo de su hermana le empujó hacia el portal, que justo se cerró tras él. Su cuerpo desnudo y libre de corrupción cayó al suelo del lugar en el que estaban, las lágrimas caían por su rostro y un dolor enorme se apoderaba de su corazón. Su hermana había muerto delante de él, lo había salvado y liberado. De nuevo un hermano suyo lo había dado todo por él y el no había podido hacer nada por evitar su muerte.

Quizás sería por el dolor de la pérdida de su hermana, por lo que no se dio cuenta de que la Duquesa le estaba levantando con fuerza y cubriéndole con una manta, le empujaba con violencia a moverse hacia un lado tanto ella como Angie, que parecían muy asustadas por algo. No pudo ver más que una luz dorada que emanaba desde detrás de su espalda, giró su cabeza y ahí pudo ver, a pesar de la vista borrosa, el causante de la situación en el plano de Azeroth.
A unos cien metros, estaba de pie, su aspecto imponente como siempre y envuelto en ropajes y armadura negros, varias espadas hincadas en el suelo a su alrededor, pues como siempre, había invocado a varios cadáveres para que le hicieran el trabajo sucio, pero Halcón ya se habría ocupado de todos ellos.
Tassardur se acercaba hasta ellos, desafiante, entre el amasijo de restos que había a su alrededor.
- ¡La luz pondrá fin a esta locura! Marchad de inmediato, yo le detendré.
Halcón, que había perdido su yelmo y permanecía firme con sus cabellos castaños ondeados por el viento, miraba al nigromante con la seguridad que solo un paladín con fe ciega en su venerada luz, puede tener.


 

Comentarios